
Con lo jodido que estaba el mundo y nosotros creyéndonos inalterables, ajenos a la realidad, firmes y seguros de que aquello era lo que queríamos.
El día que las patatas se extinguieron de la faz de la tierra fue cuando tuvimos que mirarnos a los ojos y ver que tubérculo nos anudaba el corazón. Ya no había vuelta atrás o nos cosechábamos el uno al otro o estábamos destinados a no sazonarnos más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario