lunes, 25 de abril de 2016

Cervezas, palomitas y dinamita.

No recuerdo muy bien como empecé lo que noches atrás quise escribir, en ese momento el etanol fluía por mi cuerpo y todo parecía sencillo, ahora la sobriedad lo vuelve un poco más complicado.

Probablemente no sea complicado, quizá este yo complicándolo. Buscando la medida exacta entre decir mucho y a la vez no decir nada. Nos suele pasar a los observadores, llevamos un rato mirando detalladamente como si no nos enterásemos de nada y en el momento que verbalizas quieres que te vean y mantenerte oculto al mismo tiempo. Pero hay momentos en los que te quema el pecho o puede que sea el útero. Tal vez los dos. Los años de aprendizaje se vuelven una carga pesada de la que conviene deshacerse, seamos honestos nadie quiere llevar a cuestas el saco de las malas decisiones de su vida y de los condicionamientos impuestos por cosas que ya no forman parte de ella.

Así que te despiertas un día y empiezas una demolición y ¡Vaya! resulta que no eres tan racional como te creías. todo se ha vuelto tan tópico y distópico a su vez que no puedo evitar reírme, y me río como una gran desequilibrada irracional. Hoy no escribo en tercera persona porque desde mi cocina hace tiempo que todo se ve bastante claro, debe de ser en parte por las bombillas de luz blanca y en parte porque me arde el pecho y el útero también.





domingo, 6 de marzo de 2016

Marzo

Hacia frío, de ese frío que te quema las orejas, pareciese que el invierno nunca fuese a terminar. Fue entonces cuando tiró del carboncillo y empezó a pintar. Reinventó todos los días de la semana, los bautizó de nuevo. Despertó a los muertos. Dibujo para si misma la noche más oscura con el polo norte entre sus dedos, ahora desde allí todo se veía diferente.


Se limpió las manos y salió a la calle.

jueves, 11 de febrero de 2016

Los que se entienden pero siguen buscando con quien entenderse.

Subió las escaleras agarrándose fuerte al pasamanos, como si cada vez que fuese a levantar el pie tuviese miedo a perder la estabilidad. Las copas de más habían hecho estragos pero al menos ya estaba en casa. Abrió la puerta, se desnudó y se dejó caer. Su compañero de piso se encontraba en el mismo estado lamentable que ella y sin darse cuenta ya era de día. Estaban filosóficos y escarbaban en los recovecos de su pasado.

Recordaron la primera vez que se enamoraron, o que al menos creyeron hacerlo, él de una rubia despampanante que silbaba al hablar, ella de un chico abstracto. Se rieron de sus coqueteos con lo prohibido, de las idas y venidas. Recordaron la noche que decidieron acostarse juntos por despecho y ahí si que se rieron con ganas. No entendían por qué no les entendían, no entendían por qué los demás no se entendían. 

Se taparon con la manta y la conversación se tornó sórdida. Los miedos de uno con las inseguridades del otro dentro de una batidora, una mezcla absolutamente carnal. Así es, una vez más intentando tapar balazos a golpe de betadine y tirita. 



Los que se entienden (pero siguen buscando con quien entenderse)

martes, 22 de septiembre de 2015

Equinoccio de otoño.

Esta contenta y cocina pasteles.
Sube el volumen y...
She was a fast machine, she kept her motor clean, was the best damn woman that I ever seen...
Bate huevos. Harina por doquier. Le echa azúcar de más.
El horno lleva un mes precalentando y la levadura se le escurre de los dedos.
Hace tiempo que todo esta en su sitio, ya no vuelan cuchillos ni suena de fondo Nacho Vegas.
Sin darse cuenta llegó el otoño, mientras ella planeaba con que acompañar tan delicioso pastel.
Otoño, esa maravillosa estación en la que todo lo que nos sobra se cae, empezando por nuestro efímero bronceado ¡Es una estación para celebrar! Los comienzos. Los finales. Lo que sube. Lo que baja. Las noches cortas. Las noches largas. Los pasteles de menos. Los pasteles de más que nuestros jerseys aprenden a disimular.



lunes, 24 de agosto de 2015

El príncipe azul, de azul sólo llevaba el jersey.

Podría dedicarte el más desgarrador de mis pensamientos -Pensé para mi misma- El más cruel, aquel que imparte soberana justicia entre tus pretéritos y la realidad.

Podría quebrar cada uno de tus huesos.
Llenar mis bolsillos de soberbia y cinismo.
Levantar una ceja y vestir de educación a las palabras más hirientes.

Podría ser tú, de hecho podría ser mejor que tú intentando ser tú.
Ser tu imagen y semejanza, otorgarte dicha felicidad querido narciso, pero en esa felicidad habrías encontrado tu penitencia. Justo castigo para aquel que busca el reflejo de sí mismo.

Te creías tan azul, que nunca te diste cuenta que de azul sólo llevabas el jersey.
Que mirabas y no veías.
Que tocabas y no sentías.
Así fue como empecé a mirarte y no verte.
A tocarte y no sentirte.

Qué desastre cuando uno no sabe ver y el otro ya no quiere mirar. Qué desastre el día que decidí volver a mirar, fue entonces cuando vi que ahí ya no quedaban huesos que quebrar.