
Pasada una determinada edad la gente deja de comer helados de fresa, es un hecho, y no tiene nada que ver con la perdida de papilas gustativas ya que solo a partir de los 60 años es notoria. También se dejan de pisar los charcos que se encuentran por las avenidas y no se debe a que el material de sus katiuskas haya bajado de calidad. A su vez uno empieza a dejar de fijarse en la pegatina que viene con las bolsas de patatas. Podría nombrar cientos de ejemplos absurdos sobre hechos y actos que antes constituían un pequeño placer pero que se abandonan.
Con los años cogemos la manía de hacer invisibles miles de cosas, entre ellas, esas cosas que antes constituían la base de una ilusión efímera que te regalaba unos minutos con los que poder deleitarte. Situaciones y detalles que ahora obviamos y optamos por conformarnos solo con una minoría de todos los que podrían ser. Nos alejamos de nosotros mismos para acercarnos a lo que se supone que debemos de ser y a ello lo bautizamos con el termino de "etapas".
- Yo ya no tengo edad para hacer esas cosas.
Por favor, diferenciemos entre crecer y el hecho disfrutar las cosas como un niño sin que te tachen de inmaduro. No sé, ni quiero saber, qué será de nosotros si cada día que pasa perdemos un poco de nuestra capacidad para sorprendernos y que nos sorprendan. Qué pasará si nos avergonzamos de lo que nos gusta, solo porque así damos una imagen más acorde con lo que se nos supone que somos ¿Qué tenemos que hacer para darnos cuenta de que la opinión ajena no es tan relevante como nos hacen ver? No se, ni quiero saber, cual es el punto de retorno cuando ya nada te hace disfrutar.
Así que yo voto por abuelos con bolsas de chuches, madres con calcomanías en los brazos y helados de fresa para todo el mundo.