lunes, 6 de abril de 2015

Pies

Había una vez unos pies descalzos, llenos de heridas y llagas de caminar y tropezar, tropezar y caer, caer y levantarse y así sucesivamente. Teniendo en cuenta que herida sobre herida no cicatriza imaginaros el estado de dichos pies.

Pies vividores los llamaría yo, no hay piedra en esta vida con la que no hayan tropezado ni arena cálida que no hayan pisado.

Yo desde mi posición pueril, puesto que por aquel entonces no era más que una niña, sentía cierto recelo a que dichos pies quedasen estigmatizados por obra y causa de la vida. Aún así crecí observándolos detenidamente, de la forma en que solo un párvulo puede hacerlo. Observé como el tiempo hacia mella en ellos, como se iban debilitando, ya no caminaban, deambulaban, hasta que se quedaron sin ganas de errar.

Un día desde la distancia me sentí observada. A veinte pasos de mi unos ojos curiosos de no más de 5 años me miraban con interés, intenté no preguntar para no tener que contestar. Había llegado el día, el día en que entre todos mis defectos debía de escoger uno y quedarme con el. Les escogí a ellos.

Ahora ya solo me quedan ganas de darte un beso, bostezar y quizá de empezar a contarte mis heridas.


lunes, 30 de marzo de 2015

.,.,.,.,.,.,

Se puso de rodillas sobre el suelo de su habitación y se miró en el espejo, ahí estaba todo su ser, poco importaba ya la edad o el peso, si le quedaba algún resto de maquillaje o si estaba despeinada. Era un reflejo de su yo pasado y de su yo presente, del yo real y del ideal, era lo que se supone que a estas alturas de la vida debía ser. 

Una ex fumadora, ex culpable, ex víctima, ex verduga, ex inocente, ex vulnerable, ex megalónama.
Una reincidente en tierras hostiles y en cientos de vicios inconfesables.

Aún así, casi llora de rabia, nostálgica de todo lo que pudo ser, del tiempo que desperdició por su memoria cariñosa, por su saliva que se tornó amarga sin darse tan siquiera cuenta, por su boca que de estar tanto tiempo callada se había olvidado de hablar.

Levantó la mirada y la dirigió una vez más hacia el espejo, se había adentrado sin quererlo en un nuevo vicio, en el vicio de quererse. Es entonces cuando se dio cuenta de que ardía por dentro y que en ese suelo, ya solo quedaba frío.

martes, 3 de marzo de 2015

La normalidad es una ilusión.

Se desabrochó la camisa, bajó la intensidad de la luz y se dejó caer en el sofá. Encendió el que sería el último cigarrillo del día, lo observó y se lo colocó entre los labios. Inhaló llenando su cuerpo de humo, exhaló dejándose llevar.

Desató los cordones de sus zapatos y sin ningún cuidado lanzó cada uno al lado opuesto, creando orden en su propio desorden. Se quitó el pantalón quedando atrapada en la vorágine de su ser.

Ella, el origen del caos y de todos los males, la caja de pandora hecha mujer, una anarquía en sí misma, caerá mil veces en él, pero siempre estará segura de haber escapado, aunque sea por última vez.



"La normalidad es una ilusión, lo que es normal para una araña es el caos para una mosca. Morticia Adams"

miércoles, 11 de febrero de 2015

Lo que pesa un hueso (No de cereza)

Era una tibia, conectada a una articulación y como buena tibia tiraba más a lo caliente que a lo frío.

Un día la tibia se despertó, se incorporó y se cayó ¡Vaya por Dios! ¿Ahora qué podemos hacer?

El peso de toda una armadura amontonada encima de un simple hueso, ejerciendo presión.

Pobre tibia templada, buscando remedio para  las fisuras a causa de un mal despertar.

¿Cómo va a hacer para sostener el peso de su cuerpo que bien podría ser el peso del mundo?


domingo, 4 de enero de 2015

La Moqueta

Había instalado una moqueta de color gris en su salón, llevaba pensando en ella desde el día que la vio en una casa que desde luego no era la suya.  Después de dar vueltas y vueltas por fín la encontró, sin ser consciente de que una parte de ella pertenecía a esa moqueta.

Era sólo una moqueta, pero cada una de sus fibras se electrificaba, sin poder remediarlo, sin poder ejercer ningún control sobre ello. El día finalizaba con huellas de pisadas que marcaban siempre el mismo recorrido y en la esquina superior derecha alguien había derramado sin querer un poco de vino. Pero allí estaba, presidiendo el salón, recordando  el camino de vuelta a casa, el camino a los orígenes, equilibrando sin duda aquella habitación rectangular.

A pesar de ser gris y de no tener a simple vista nada en especial emanaba una vibración imposible de ocultar. ¿Qué enigmático poder escondería dicha moqueta? Era un poder de atracción casi mortal... Todo aquel que no se resistía a poner un pie encima terminaba encandilado por sus múltiples fibras. Su estado natural se desvanecía, una sensación de vértigo empezaba a asomar, pulso acelerado, cuenta atrás 3, 2, 1... Padece usted un regreso a su estado de más pura felicidad.

¿Quién lo diría verdad? Era sólo una moqueta equilibrando un salón.